Saturar el presente
Decía Nadal que los mejores tenistas eran aquellos capaces de pasar menos tiempo jugando un mal tenis. Una arista narrativa del clásico <lo difícil no es llegar, sino mantenerse>. Reforzada está la idea por el chocante 54%. Un número que dio la vuelta al mundo tras el discurso de graduación de Federer en Dartmouth, pues esos fueron los puntos que ganó a lo largo de su carrera.
Los anglosajones, siempre edulcorando con su grandilocuente nomenclatura, lo acuñan como bounce back. Esa capacidad de ‘‘rebotar’’ hacia el presente tras un evento desencadenante de malestar.
Sigo pensando en el persistir como una habilidad tremendamente infravalorada
La consistencia no ocupa titulares en nuestra cabeza, pero es nuestro deber bajarla a la tierra a través de los raíles del comportamiento.
Sesgados por balanzas dicotómicas, en cuestiones de aparición/no aparición, vemos al rendimiento como una confrontación absolutista que sólo trae juicios vacíos y frustaciones ancladas.
Como me dijo Albert Quilez, la mejora está en las intersecciones, pues hablamos de un contínuo. Una carretera que entiende el rendir como objeto de características medibles, normalmente invisibles al ojo poco entrenado en estas tierras de la psique.
Los parámetros del comportamiento, cincel que le da forma al sufrir
Frecuencia. Duración. Intensidad.
Cada cuánto ocurre aquello que quiero cambiar.
El tiempo que permanezco enredado en asfixiantes lianas.
Con qué profundidad me atraviesa esa dolorosa sensación.
Margall me lo mencionó como la capacidad de otorgarle objetividad al fallo. Una vez encadenaba, bajo sus criterios, más errores de la cuenta, analizaba rápidamente las variables de su tiro que podían haberse visto modificadas. Reubicando así la atención en esas áreas, o manteniendo el oxígeno en las mismas si el desacierto fuera simplemente puntual.
No son los picos
Tampoco los estallidos. Estados de flow que tanto ansías pero que no atienden a las razones que piensas. Es permitirte enfocar el delante, difuminando el pasado y saturando el presente. Observar lo que siento. Contactar con lo que tengo. Brindar nitidez como barco que navegue tu malestar.
Un suelo incómodo, pero limpio, que te ayude a rebotar. Un presente valioso, que te guste frecuentar. Sabiendo que, la gran mayoría de las veces, un 54% está bastante mejor de lo que podríamos pensar.
Nos seguimos leyendo.
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Siempre que te leo sobre el persistir me vienen a la cabeza Pop y su "Pounding the rock".
Ya te lo dije el otro día, me fascina este concepto de "saturar el presente"