Explicas o entrenas
Esta newsletter actúa como ejercicio de compromiso. Una manera de reafirmar mi postura colectiva, en cuanto a relaciones se refiere, de la misma forma que verbalmente navegar la angustia que conlleva respetar lo que considero como trabajo terapéutico.
Otorgar capacidad de elección
El pasado sábado estuve en un curso sobre análisis de casos en diferentes contextos psicológicos. Relaciones de pareja y TCA fueron los contextos que ejercieron de ancla. Terminé el día con muchas preguntas. No a modo de duda objetiva sobre el contenido tratado, más bien en forma de interrogantes acerca de mi papel como psicólogo.
Las formaciones verdaderamente interesantes provocan angustia, revuelven esquemas. Cuestionamientos que florecen sobre cada uno de nuestros enfoques. Afincado me encuentro en la idea de perseguir preguntas que interpelen y sepan movilizar. Espeso al corto plazo, esperanzador con el paso de los días.
Las charlas de Victor Kuppers funcionan porque sales de la sala a comerte el mundo, con la p*lla atravesando el techo. El lunes sigues siendo el mismo gilip*llas dándose de bruces contra el muro de la realidad. Qué ha pasado, te preguntarás. La putada, que no culparás a Kuppers de tu herida. El cabrón sabe hacerlo de tal manera que, si no consigues lo que te promete, te culpes a ti mismo de tamaño fracaso. El negocio perfecto, otorgar sensación de control a precio de caviar, y cuando te quieres dar cuenta todo sigue igual. La única diferencia, que él ya tiene tu pasta en los bolsillos.
Si traslado esta función esperanzadora alojada detrás de las preguntas correctas… ¿acaso no es eso lo que buscamos en disciplinas conectadas con el aprendizaje? Se llame deporte o terapia, me refiero.
Cuántas conductas ejecutamos que se ven retroalimentadas por la sensación incorrecta.
Es curioso, está totalmente conectado. Cuanto más domino mis explicaciones como entrenador o terapeuta mejor me siento. A la vez, cual Narciso ahogado en la fuente de su propia belleza, más me hundo en el autoengaño. Alejado entonces del malestar que conlleva toda evolución.
Necesitan una experiencia, no una charla TED
Por el contrario, cuanto más diseño contextos donde provocar entrenamientos, peor me sentiré al experimentar el vértigo de un silencio, o de una persona que en un principio no tiene por qué saber cómo ni qué hacer. Paradójicamente, la información verdaderamente relevante se encuentra ahí, datos que transformar en preguntas. Resolver el sufrimiento in situ. La excitación de las lecciones versus la incomodidad de acompañar el pilotaje.
Qué sentido hay detrás de tanta verborrea. Lo nos hace sentir mal puede actuar como síntoma de mejora, y lo que nos hace sentir bien como mecanismo de falacia. La explicación vs la experiencia. Si aparecen las ganas de escapar, estoy aterrizando esa sensación en el escenario, alta probabilidad de que enfrente se esté percibiendo. Y qué queremos en una sesión o entrenamiento sino practicar bajo estas condiciones, generando una suerte de familiaridad que me permita responder a pesar de eso cuando la hora de la verdad llegue.
Las palabras, como reflejaba el mito de la metáfora allá por 1974, son simplemente eso, palabras. Mientras no exista un significado conectado al hacer, no seguirán siendo nada más que eso.
Me dirige esto hacia las relaciones interpersonales
Expuestos al malestar de nuestros cercanos buscamos rellenar los huecos con frases de azucarillo y consejos de mierda. Martirizar el silencio como mecanismo de alivio, nunca de ayuda.
Curiosamente, si la capacidad de elegir es lo que pretendemos consolidar en el de enfrente, debemos abandonar el sentirnos, sobretodo en nuestras palabras, tan determinantes, y apostar por el fango que conlleva construir una experiencia. Me marché de esa formación revisando mis explicaciones, y aterrizando las incómodas pero siempre necesarias preguntas.
Aquí queda por escrito, para que cuando me vuelva a salir del camino tenga preparada una hoguera a la que regresar.
Nos seguimos leyendo.
Puedes perderte en los siguientes enlaces.


Carlos Moratilla tiene un artículo sobre cómo nosotros podemos estar perpetuando ciertos conjuntos de reglas verbales de mierda, y creo que hay una relación con lo que escribes aquí. Especialmente cuando el psicólogo se dedica a la motivación y a la moralina.