Creerse Kobe
Mientras transitamos la vida, aparecen ciertas conversaciones en el camino que de alguna manera marcan el devenir del trayecto.
Con 22 años, en mi última temporada jugando en Granada, empleaba múltiples horas quedándome a tirar después de los entrenos, haciendo trabajo específico más allá de lo pactado, buscando una mejora ofensiva que me devolviera resultados en forma de protagonismo.
En uno de los encuentros para plantear mi renovación, se tejió lo que posteriormente supuso mi vía para hacerme hueco en estas desérticas, por lo solitario e incierto, ligas profesionales. Pablo Pin, el que era mi entrenador por aquel entonces, fue honestamente claro ante la exposición del malestar que me suponía no disponer de más minutos.
Javi, en cada equipo, cuántos jugadores crees que son fichados por el único hecho de meter la pelota por un aro.
No respondí, pues en la pregunta estaba incluida la cruda respuesta.
Nunca más de 2 o 3, me dijo. Quizá, en vez de invertir tantas horas en una competición que estás lejos de ganar, debes preguntarte si no son otras áreas de tu juego las que te pueden ofrecer el espacio que buscas.
Finalmente, por otras cuestiones que no vienen al caso, terminé por no renovar, saliendo a buscar los frutos del árbol conocido como nadie es profeta en su propia tierra.
Independientemente de mi salida, traté de aterrizar en pista el aprendizaje con el que esa interacción me atravesó, terminando por cuajar un rol conocido por diversas nomenclaturas. Pegamento, el jugador que todo entrenador querría en su equipo, y más cantos de sirena que en un porcentaje u otro sostuvieron mi camino en esos restantes 5 años de profesional que tuve por delante.
La razón de ser que origina la verbalización de esta anécdota fue este tweet que me encontré la semana pasada, donde se exponían las razones por las cuales el experimento Warriors + Jonathan Kuminga acabó por concluir en una fracasada receta.
Según se informa, Steve Kerr quería desarrollar a Jonathan Kuminga para que se pareciera a Shawn Marion o Aaron Gordon, pero Kuminga se veía a sí mismo como un futuro All-Star y quería más oportunidades con el balón, según Anthony Slater.
‘‘A medida que su carrera se desarrollaba, Kuminga creía haber demostrado lo suficiente en roles complementarios como para ganarse una mayor confianza y oportunidades con el balón. Según fuentes, ninguna de las dos cosas le gustó, lo que reforzó su creencia de que Kerr y el gerente general Mike Dunleavy solo lo verían como un atleta veloz y de gran salto sin la habilidad necesaria para ser una opción de liderazgo.’’
Completada esta noticia con la confesión del ex jugador NBA Evan Turner, queda establecido el punto de esta newsletter.
Recuerdo una vez que mi entrenador dijo que me veía como "Richard Jefferson" y esa fue la primera vez que realmente entendí a Latrell Sprewell.
PD: Cambiaría mi carrera por la de Richard Jefferson, no es ninguna burla. Simplemente creí que era Kobe Bryant.
Últimamente expongo con frecuencia la famosa cita mencionada en las obras de Batman.
El héroe que Gotham quiere, pero no el que ahora mismo necesita.
Estar donde quiero estar es un estado escurridizo y engañoso. Funciona a modo persecución de zanahoria. Engañoso, porque a veces eso que queremos se construye bajo reglas comparativas, prefabricadas, y mentirosas. Nos han engañado estos últimos años provocando actuaciones que realmente no son pretendidas.
Explotar un contexto no querido, poco favorecedor incluso, hasta que timing y preparación confluyan. O no, pero al menos habrás sacado algo. El sweet spot de las dificultades. Suficientemente profundas como para construir aprendizaje. Suficientemente benévolas como para no dejarte en la estacada. Esa es la información que nos da el malestar.
Una valoración de los contextos en los que competimos, y cuestionarnos si nuestras gafas de burro particulares nos están impidiendo ver alternativas transversales que ejerzan de inflexión hacia escenarios más nutritivos.
¿Qué característica te diferencia y podrías explotar más? En la era de la manualización predeterminada, buscadora de borrego y desconocedora de individuo, puede converger como la pregunta que te brinde oxígeno en el desgastante camino del crecimiento.
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Lección de vida, que en cualquier ámbito cuesta aceptar. El coaching, esa lengua de víbora, ha hecho así su camino, explotando la potencia y el acto de Aristóteles. No todos pueden ser Kobe, porque no todos pueden seguir el camino de la MM (ni todos la entienden). La MM va de compromiso, no solo de mejorar. Eso viene solo, pero igual no como esperabas.